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21 septiembre, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

Competencias y alcance del contentcurator. Hermeneuta del siglo XXI

La información crece a un ritmo mayor que el exponencial. Esto genera una devaluación tanto de su calidad como de su valor absoluto. Asimismo, nos obliga a realizar búsquedas cada vez más exhaustivas para las que no todo el mundo dispone de tiempo. De un horizonte fragmentado como el actual surge la figura del #contentcurator o intermediario crítico del conocimiento. Alguien encargado de seleccionar, reunir y facilitar la información más adecuada acerca de un tema en concreto. Este post expone algunas de las competencias en las que centrar su actividad.

Tras leer y escuchar (entre otros) a algunos de los principales promotores en España de esta nueva profesión como puedan ser Dolors Reig o Juan Freire, llegué a la conclusión de que aquella actividad que estaban definiendo como “curación de contenidos” se parecía enormemente a lo que Richard Rorty llamó “hermenéutica” en su libro La filosofía y el espejo de la naturaleza. Las competencias que expongo son una adaptación de lo escrito por Rorty y cualquiera puede comprobarlo en los últimos capítulos de la obra mencionada.

1. El objetivo del contentcurator no es la verdad sino la relevancia. Al igual que el hermeneuta, el contentcurator se preocupa por saber quién ha producido una información, qué reputación tiene, cómo lo ha hecho, desde dónde, qué otros materiales desarrolla, qué lugar ocupa respecto a otros y qué relevancia social tiene tanto la persona como el contenido. También puede interesarle la claridad, originalidad y la forma del mensaje. En ocasiones, incluso una información falsa posee más valor que una verdadera, pues puede indicar la crisis de un sector, el mal funcionamiento de un departamento, un experimento que merece revisarse, el comienzo de una campaña de desprestigio, etc.

2. Su actividad no es investigación sino lo que ocurre antes de la investigación. El producto de la curación de contenidos no es un nuevo material que haya de ser verificado. Por el contrario, su objetivo consiste en ubicar los distintos materiales existentes de manera que guarden relaciones y semejanzas entre sí. Será lo que permita al investigador encontrar la información relevante desde la cual comenzar su trabajo. La verdad o falsedad de esta información es otro tema. Como escribe Rorty a tenor de la hermenéutica, lo característico de esta actividad es “la distinción entre investigación y algo que no es investigación, como el interrogatorio inicial a partir del cual pueden surgir (o no) investigaciones“.

3. No genera conocimiento sino sentido. El carácter fragmentario de la información dificulta su comprensión. Un elemento aislado no puede ser incluido en ninguna clase o taxonomía a menos que sea puesto en relación con otros objetos afines. Con este objetivo, el hermeneuta proporciona el entorno o contexto dentro del cual encaja una información específica. Extiende lazos entre las diferentes fuentes e informaciones y, probablemente, construye puentes entre materias hasta el momento aisladas entre sí. Según Rorty, es “el intento de dar cierto sentido a lo que está pasando en un momento en que todavía no estamos seguros sobre ello como para hacer una descripción y, por tanto, para comenzar su explicación“.

4. Pone en relación objetos entre sí y estos con comunidades de personas. Localiza a quienes podrían interesarse por una materia o los convence para despertar su interés. Pone en contacto ciertos grupos de objetos con determinadas comunidades o posibilita la aparición de nuevas comunidades en torno a un tema. Por otro lado, genera las condiciones necesarias para que surjan nuevos campos de investigación o que se establezcan lazos de unión ente materias existentes.

Por último, cabría decir que esta persona habría de poseer una amplitud de miras que no posee el especialista en un área específica. La posibilidad de encontrar nuevas fuentes de información o materiales que hasta el momento habían estado incluidos en otras materias, obliga al intermediador a no centrarse exclusivamente en un campo de conocimiento. Por eso, antes que técnico o científico, a lo que esta persona responde es a un perfil humanista.

Os dejo una pequeña dramatización:

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19 septiembre, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

Crear espacios (más) sociales

Nos trasladamos de un paradigma a otro. Esto no supone exclusivamente una reconfiguración de los sistemas de información, sino también del espacio en el que habitamos. En este post se mostrarán algunos ejemplos de espacios públicos que actualmente se ven en vías de transformación. La intención es dar a conocer algunos de los cuantiosos factores que estan incidiendo sobre dicha reconfiguración, planteando la duda de si este cambio está obedeciendo a imperativos técnicos o a valores propiamente humanos.

Hace algunos días me llamaron la atención sobre el siguiente video. En él, de una manera brillante, Kevin Slavin nos llama la atención sobre el modo en el que la realidad se está transformando adaptándose a determinados algoritmos matemáticos.

Según esta idea, los espacios para la vida humana podrían transformarse en el futuro según una serie de imperativos técnicos. Es la eficiencia de estos algoritmos la que nos obliga a cambiar nuestra realidad. No depende de nuestra voluntad sino de la efectividad matemática. Sin embargo, es posible encontrar algunas iniciativas que muestran la importancia de otros factores en la creación de nuestros espacios sociales.

1. Fuentes de información

En el campo de la información, no se trata únicamente de que ésta llegue a nosotros más rapidamente que a otros. No es sólo un cambio en la difusión sino también en su producción. Son muchas las empresas e instituciones que liberan datos con el fin de que sean estudiados por personas ajenas. Asimismo, determinados procesos de cocreación y crowdsourcing son ejemplos de cómo el foco de interés está siendo desplazado hacia nuevos centros neurálgicos. También Dolors Reig  nos llamó la atención sobre la idea de que la media de las estimaciones producidas por un grupo de personas es en ocasiones más fiable que los cálculos realizados por un experto (video min. 34).

Por eso, aun cuando sea una finalidad clave ubicarse en aquellos puntos a los que llega la información con mayor rapidez, es posible pensar que en la ubicación de las fuentes de información jueguen un papel importante muchos factores sociales que poco tienen que ver con los algoritmos.

2. Aulas

Se duda de si puede mantenerse un sistema en el que únicamente se impartan materiales que los alumnos memoricen y reproduzcan con posterioridad. Las nuevas tecnologías y la facilidad de acceso que dan a los contenidos pone en cuestión la manera de adquirirlos. Por otro lado, cada vez parece mostrarse más obsoleto un modelo educativo basado en la proyección de un sistema de trabajo que también parece caduco. He aquí un ejemplo de la distribución tradicional del aula:

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Sin embargo, frente al horizonte actual, los alumnos y los profesores requieren nuevas competencias que les permitan desenvolverse en este nuevo orden informacional. Ahora se necesita desarrollar habilidades críticas y potenciar la iniciativa, la colaboración y el diálogo. Con este fin, no sólo ha de cambiar la forma de enseñar, sino también el espacio en el que el aprendizaje se desarrolla. Pero ante las barreras arquitectónicas existentes, lo más sencillo es empezar por una nueva distribución del espacio. Éste podría ser uno de los muchos ejemplos posibles.

3. Bibliotecas

El aumento de los recursos virtuales posibilita un mayor aprovechamiento del espacio para los usuarios. Asimismo, la necesidad de consultar material audovisual hace que se requieran espacios para su visionado tanto público como privado. Todo ello sin perder la oportunidad de elaborar trabajos en grupo, crear grupos de debate, asistir a conferencias u organizar sus propios eventos. Como escribió Dídac Martínez, “un nuevo modelo de biblioteca donde el centro no es el objeto libro sino el sujeto, el usuario, los profesores y los estudiantes. Pero principalmente aquella actividad que los une: el proceso de aprendizaje” (artículo). De ahí que actualmente se pretenda pasar del concepto tradicional de biblioteca al de CRAI (Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación). En la Universidad de Deusto es un proyecto que ya está en marcha.

4. Hogares

En arquitectura se están comenzando a estudiar nuevas distribuciones del espacio. En dichos estudios no sólo se tienen en cuenta factores como la orientación, el tamaño de los habitáculos o la distribución del mobiliario. Josep María Montaner y Zaida Muxí Martínez hablan de la atención a la diversidad social, a la relación de la vivienda con el entorno en el que se ubica, a la tecnología y al aprovechamiento de los recursos al máximo. Asimismo, llaman la atención sobre la necesidad de que toda vivienda cuente con algún espacio comunitario (artículo). Montaner y Muxí exponen de esta forma las relaciones posibles entre los distintos espacios de la vivienda:

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5. Urbanismo

Por último, éste es un proceso que también se está dando en la distribución urbana. Posiblemente, los nuevos espacios públicos deberán estar pensados para albergar concentraciones o grupos numerosos de personas. Los últimos movimientos sociales demuestran una tendencia significativa a utilizar dichos espacios como lugares desde los que ser escuchado y entablar relaciones con otras personas. Asimismo, la conocida posibilidad que otorgan las redes sociales para organizar macro eventos en poco tiempo y de forma casi espontánea, hace que estos sitios hayan de estar permanentemente preparados para acoger un gran número de personas. Como sugerencia, es cierto que ya no podemos soñar con el ágora griega, pero puede ser un buen modelo en el que inspirarse.

La lista podría ampliarse a hospitales, centros culturales, oficinas u otros lugares. Pero lo interesante es que todas estas transformaciones están basadas en el intento de favorecer el contacto y las relaciones entre las personas. Para lo cual, tan importante es mantener el grupo de individuos entre los que nos movemos como el medio en el que lo hacemos. En este aspecto, nuestra educación será fundamental desde los primeros momentos. Hacer un buen uso de estos espacios públicos, desarrollar la capacidad crítica mediante el diálogo y desarrollar iniciativas colectivas, es algo que ha de hallarse a la base de nuestras prácticas. No pretendo quitar la razón a Kevin Slavin. Sin duda, hay un lugar importante para los algoritmos, pero no el más relevante.

 

12 septiembre, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

Cómo (no) cambiar la educación. Un análisis con Google y Radian6

La preocupación por nuestra educación es creciente. La idea de que el modelo actual no cuadra con nuestras necesidades sociales es ya un tema recurrente. Sin embargo, concienciarse de la necesidad de un cambio no nos asegura saber dar los pasos adecuados. Debido a ello, ha irrumpido con fuerza un debate en torno a las transformaciones a realizar y las nuevas competencias a adquirir.

El presente post pretende realizar un análisis sobre algunas de las principales preocupaciones que este debate despierta. Para ello utilizaré algunas aplicaciones de Google AdWords y la herramienta de análisis en social media Radian6. Mi intención es mostrar algunas dificultades existentes para la realización de las reformas y las consecuencias directas de una percepción negativa de las acciones realizadas hasta el momento.

El rango temporal elegido para la recogida de datos fue el de los últimos 30 días. Este periodo de tiempo me pareció significativo, pues precisamente abarca los preliminares del presente curso académico y se encuadra dentro de las últimas reformas llevadas a cabo por el gobierno. Por otro lado, como no podía ser de otra manera, el concepto elegido para este análisis es el de “educación”.

En primer lugar, lo que debería llamarnos la atención es el número creciente de búsquedas que produjo el concepto “educación”. La siguiente gráfica de Google Trends así lo muestra:

Podría alegarse que esta tendencia no es sino fruto de la proximidad del curso académico. Futuros alumnos buscan universidad, cursos específicos o centros educativos a los que asistir. Sin embargo, gracias a Google KeyWords comprobamos que no es así. Esto es debido a que el tercer resultado  por volumen de búsqueda que nos encontramos hace referencia a la combinación de palabras “qué es educación”. Lo que esto nos sugiere es que podría exisistir una creciente preocupación por hallar una definición concreta del concepto “educación”.Antes que un debate, lo que parece existir es una preocupación por aclarar los términos en los que se ha de producir dicho debate.

Esto me llevó a realizar una búsqueda sobre las relaciones que actualmente se hacían en los medios sociales entre la palabra “educación” y la palabra “definición”. Los resultados los muestra el siguiente gráfico realizado con Radian6:

A simple vista, llaman la atención los picos del 19 de agosto y del 5 de septiembre. El del 19 de agosto corresponde con el discurso de Benedicto XVI a los profesores universitarios en El Escorial. En este discurso encontramos un llamamiento a la interdisciplinariedad, a la búsqueda en conjunto de la verdad, así como a la posibilidad de aferrarse a unos valores estables en un mundo quebradizo. Y se puede estar de acuerdo o no con las opiniones allí vertidas, pero la súbita aparición de un discurso religioso dentro del ámbito educativo resulta significativa. El hecho de que aparezcan corrientes de opinión religiosas hablando sobre los valores y la verdad denota la existencia de un amplio sector de la pooblación preocupado por estos temas.

Por otro lado, el debate en torno al 5 de septiembre gira en torno a la decisión del Tribunal Supremo de implantar en Cataluña el castellano como lengua vehicular de la educación. Lo cual se puede interpretar como un intento de normalizar el sistema educativo en general. La búsqueda de un marco común para toda la educación española. Intento frente al cual se sitúa un amplio grupo de personas que identifican estos cambios con un asalto a su identidad cultural y política. Posiblemente, la cuestión que debería plantearse para solucionar este conflicto es si la educación consiste en una simple transmisión de conocimientos técnicos o si acarrea toda una carga cultural y posiblemente identitaria.

A pesar de todo, en términos generales, el debate no deja de centrarse en torno a la necesidad de un cambio del modelo educativo o una redefinición del concepto “educación”. Por este motivo, me pareció que resultaría interesante llevar a cabo mediante Radian6 un análisis de tendencia de la relación existente entre los conceptos de “cambio” y “educación”:

Además de la creciente relación entre ambos conceptos a lo largo del tiempo, resulta interesante comprobar el motivo del pico existente el día 2 de septiembre. Una de las noticias más comentadas ese día hace referencia a unas declaraciones de Jose María Aznar. En ellas afirma que el cambio de gobierno no dará resultados milagrosos y que harán falta reformas en sanidad y educación. Esto es importante porque aparece una nueva palabra que será crucial para el debate: “sanidad”. La salud y la educación podrían ser considerados como dos de los derechos básicos de todos los ciudadanos, y el propio defensor de quienes podrían acometer los cambios en la próxima legislatura se muestra un tanto escéptico respecto a ellos.

Por otro lado, deberíamos considerar que el hecho de poseer una educación de calidad debería repercutir directamente en el conjunto de la sociedad. Es decir, acometer reformas para mejorar el sistema educativo debería ser visto como una inversión antes que como un gasto. Sin embargo, la aparición de los conceptos “gasto” e “inversión” en relación con el de “educación” parece seguir un patrón contrario:

Se habla más de la educación en relación al gasto que a la inversión. Mientras esto sea así, dedicar fondos a reestructurar el sistema educativo no será considerado como algo positivo. Lo que esto indica es que las acciones llevadas a cabo hasta el momento no son percibidas como algo de lo que se obtendrá un beneficio (y no me refiero ni de lejos exclusivamente a la economía). Por el contrario, el recorte (que no el ahorro) de gastos, la ampliación de la jornada laboral de los profesores, la adjudicación de becas a quienes matriculen en colegios privados, son consideradas por un amplio sector de la población como iniciativas que no ayudarán a mejorar el sistema sino todo lo contrario.

Por último, he querido mostrar una nube de tags en la que aparezcan algunos de los conceptos más relacionados con el de “educación”. He remarcado algunos conceptos clave que parecen apelar a los protagonistas del debate, los temas que se relacionan con ellos y las acciones que pautan las consecuencias de la situación. Las palabras hablan por sí solas:


 Resulta interesante comprobar que la palabra “recorte” no sólo aparece como sustantivo, sino que además aparece como verbo, recalcando la acción que será llevada a cabo.

Y además de “recortar”, como verbo destacable que indique una acción concreta únicamente aparece la palabra “escribir”, la cual en análisis más profundos descubrimos que viene relacionada con la famosa carta de Esperanza Aguirre a los profesores. Carta conocida por las faltas de ortografía y carencias de argumentación que contenía. Es decir, de las dos acciones que aparecen directamente referidas, ambas son valoradas de manera negativa.

Ante unas reformas que son percibidas y definidas como simples gastos y recortes, llevadas a cabo por personas que mantienen el escepticismo en su propio discurso y lo plasman de forma gramaticalmente incorrecta, los principales afectados no pueden sino tomar medidas. El concepto “huelga” hace su aparición como consecuencia de estas tensiones. Huelga que muy probablemente se materializará en los próximos días.

El lenguaje no son simples palabras. Hablamos como actuamos y el lenguaje es el reflejo de nuestras formas de vida. Necesitamos escuchar y comprendernos para construir entre todos un nuevo modelo social en el que la educación es un pilar clave. Y esto sólo será posible mediante el diálogo.

 

6 septiembre, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

Decidir ante situaciones de cambio y crisis

Comités de bioética, dirigentes de empresas, estudiantes y personas en general, se enfrentan continuamente a situaciones en las que el éxito o el fracaso dependen de la decisión que tomen. Saber si aquella fue la opción adecuada o debimos haber hecho otra elección es siempre difícil de averiguar.

En este post expongo algunas de las implicaciones de la teoría de la decisión de Daniel Kahneman. El objetivo es proponer un modelo aplicable a nuestras decisiones que las convierta en más racionales y efectivas ante situaciones de crisis

Según el Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, nuestras decisiones podrían clasificarse en dos grandes grupos:

1. Intuitivas: se trata de aquellas elecciones que tomamos sin esfuerzo y sin pararnos a considerar. Se basan en la costumbre así como en relaciones asociativas y emocionales. Generalmente, son difíciles de cambiar.

2. Razonadas: cuestan esfuerzo, su aceptación es lenta y supuestamente controlada por el individuo. Tenemos conciencia de ellas y suelen estar potencialmente dirigidas por reglas.

El sistema encargado de las elecciones intuitivas es difícil de controlar porque funciona de un modo similar a como lo hace nuestra percepción: recoge datos del entorno, los elabora y emite una respuesta inmediata. Al mirar en una dirección, vemos lo que se encuentra a nuestro alrededor sin necesidad de elaborar razonamiento alguno. Y lo que limita nuestra capacidad de ver no son nuestros razonamientos sino las condiciones ambientales del entorno, las cuales nos permiten (o no) tener acceso a determinados rasgos de la imagen.

Del mismo modo, nuestras decisiones intuitivas son tomadas automáticamente por nosotros en función del análisis inmediato que hagamos del entorno. Como dice el propio Kahneman, “Las decisiones intuitivas serán moldeadas por los factores que determinan la accesibilidad de los distintos rasgos de la situación”. Nuestra capacidad de análisis del marco en el que realizamos nuestras decisiones puede mostrarse decisivo al respecto.

Lo interesante de esto es que dicho modo de tomar decisiones es el que actúa generalmente. Para poner en marcha un sistema de elecciones razonadas necesitamos despertar dudas. Y sin motivos para la duda son nuestras decisiones intuitivas las que guían nuestras vidas.

Debido a su preeminencia, habría que pensar que son estas decisiones intuitivas las que modelan nuestras vidas y se encargan de la mayor parte de nuestras decisiones. Es decir, son las que configuran nuestra normalidad y conforman nuestras decisiones rutinarias. Por eso, ante una situación totalmente nueva o una crisis en la que nuestra normalidad se vea quebrada, son precisamente las que habremos de cambiar.

Es por esto por lo que resulta indispensable tomar conciencia de ellas y saber los factores que afectan en su consecución. Según Herbert Simon, además de algunos factores cognitivos, podríamos encontrar otros no cognitivos entre los que destacarían:

1. Cultura: entendida como el conjunto de normas sociales que nos son transmitidas a los largo de nuestras educación.

2. Emociones: como el conjunto de inclinaciones o divergencias respecto a determinadas personas u objetos.

3. Imitación: como nuestra tendencia natural a copiar y repetir el comportamiento de otros seres humanos.

Como puede comprobarse, en gran parte dichos factores proceden de nuestro entorno social. Es decir, la comunidad de personas con las que nos relacionamos influye considerablemente en la conformación de los factores que nos permitirán analizar nuestro marco de actuación. Incluso, es posible que nuestra tendencia a imitar no sea social sino natural, pero lo que imitamos son los comportamientos sociales de quienes nos rodean.

Bajo este punto de vista, tomar conciencia de nuestras decisiones comunes puede llevarse a cabo aumentando el conocimiento acerca de la comunidad en la que me habitualmente nos movemos. Sin embargo, cabría preguntarse ¿cómo hacer un análisis de estos factores sin son ellos mismos los que regulan nuestro acceso al entorno? ¿No entraríamos en un círculo vicioso sin solución? ¿No querría decir esto que nunca podremos cambiar nuestras decisiones y ante una crisis estaremos abocados al fracaso?

Nada más lejos de la realidad si estos factores salieran a la luz por contraste en lugar de por análisis.  Enfrentarnos a personas que toman decisiones distintas a las nuestras puede ser motivo suficiente para activar las dudas que despiertan el sistema de decisiones razonadas. Pero esto sólo es posible entrando en contacto con individuos que hayan seguido recorridos académicos distintos, procedentes de otras culturas, con diferentes experiencias vitales, etc.

En conclusión: las decisiones que produzcan el cambio sólo podrán venir de la interdisciplinariedad y la interculturalidad.

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31 agosto, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

Nuevos modelos y competencias de aprendizaje

El paso de la sociedad industrial a la de la información reclama nuevos modelos de aprendizaje. Asimismo, este nuevo paradigma social ha hecho surgir una acuciante preocupación por la comunicación y el diálogo entre personas. Este post expone la competencia básica requerida para este cambio y propone un modelo de aprendizaje aplicable tanto a empresas como a instituciones y centros educativos.

El sistema actual de aprendizaje no responde a nuestra estructura social. La posibilidad de tener acceso directo e inmediato a la información implica un cambio en nuestro modo de aprender. La forma de adquirir información válida no puede continuar siendo pasiva. La recuperación, asimilación y creación de información requiere de un papel activo por parte del individuo.

Ahora más que nunca, el modelo según el cual desarrollamos nuestro aprendizaje se asemeja al mantenimiento de una conversación. Preguntar mediante conceptos clave, asimilar la información recibida, someter a crítica dicha información, acoplarla a la ya poseída y elaborar nuevos interrogantes que nos permitan seguir avanzado. Dicho proceso podría representarse mediante el siguiente esquema.

Modelo conversacional de aprendizaje

Sin embargo, la habilidad para la conversación no es una competencia que pueda adquirirse de un modo teórico. Saber cómo debería hacerse no implica poder desarrollarla. (Saber cómo se toca la guitarra no implica saber tocarla). Esto es debido a que no se trata de una cuestión de contenido sino de forma. El diálogo no es parte de la información sino la manera en la que la recibimos. No se mueve en el plano teórico sino en el práctico. ¿Cómo es posible desarrollar esta habilidad?

La respuesta parece obvia: cambiando por entero nuestra forma de aprendizaje. A continuación  expondré algunas de las transformaciones necesarias para que esto sea posible:

1. Del aprendizaje individual a las comunidades de aprendizaje: El trabajo colectivo resulta más eficiente para la localización de errores, contradicciones o cuestiones sin solucionar en el seno de nuestros conocimientos. Durante el diálogo surgen nuevos puntos de vista, cuestiones en las que no se había pensado, relaciones con otras áreas…

2. Del aprendizaje disciplinar al aprendizaje paidocéntrico: no imponer supuestas estructuras lógicas internas de las materias sino adaptar cada contenido a las necesidades y habilidades específicas del grupo. No siempre es imprescindible empezar por el mismo sitio o insistir en los mismos puntos. Ha de tenerse en cuenta los conocimientos previos y los intereses de la comunidad.

3. Del aprendizaje memorístico al expositivo: adquirir la habilidad de aprender pensando en cómo enseñarlo posteriormente. El aprendizaje en comunidad permite que cada miembro exponga a los demás sus propios avances. Esto requiere poseer una amplia comprensión de lo aprendido y la elaboración de estrategias para despertar interés en la materia.

4. Del aprendizaje doctrinal al crítico: tomar papel activo en la escucha, contrastar la información recibida y plantear nuevas dudas que abran nuevas necesidades formativas. Hallar los conceptos clave que abren cuestiones irresolubles y plantean la necesidad de nuevas investigaciones.

Estas transformaciones son parte de un modelo aplicable tanto a empresas como a centros educativos, pues no transforma los contenidos sino la forma de aprendizaje. Asimismo, en ambos ambientes posee las siguientes ventajas:

En primer lugar, la propia actividad de aprender cobra sentido. El objetivo no es simplemente adquirir conocimiento abstracto, sino transmitirlo y enriquecer a la comunidad. Proceso  que enriquece al individuo en un circuito de feed-back constante. Asimismo, la posibilidad de ver una utilidad directa a nuestro aprendizaje alienta la voluntad de llevarlo a cabo.

En segundo lugar, se practica y refuerza la propensión al diálogo de los integrantes del grupo.  Se refuerza un sentimiento de comunidad y confianza que favorece el trabajo colectivo. Lo cual aumenta el conocimiento tácito compartido por los integrantes de la comunidad, facilitando cada vez más la relación entre ellos y entre otras posibles comunidades de aprendizaje.

En conclusión. Necesitamos cambiar nuestra forma de aprendizaje. El aprendizaje colectivo resulta más efectivo y estimulante que el individual. La comunidad dialógica de aprendizaje es una respuesta a este reto. La habilidad para el diálogo es la competencia personal y profesional del siglo XXI.

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25 agosto, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

Análisis en medios sociales y creación de sentido

Las herramientas de análisis en medios sociales presentan resultados fragmentarios. Gráficas y nubes de tags no son sino elementos parciales e inconexos que resultan incomprensibles por sí mismos. Resultan inútiles sin alguien capaz de aunar estos fragmentos y convertirlos en un discurso con sentido que muestre el estilo de vida que representan. En este post pretendo dar cuenta de la importancia de este último paso y del profesional adecuado para ello.

Conocer las corrientes de opinión acerca de un tema, gestionar la reputación personal en internet, o simplemente la curiosidad, han dado lugar a la creación de herramientas de medición en medios sociales. Google trends, Radian6, Nielsen Buzz Metrics, etc., son algunas de las más conocidas.

Estas herramientas trabajan rastreando conceptos asignados por el usuario. Gracias a los resultados obtenidos, realizarán gráficas de tendencias y comparativas de volumen, así como nubes de tags que los relacionen con otros conceptos. Sin embargo, pese a trabajar con elementos lingüísticos, hay que tener en cuenta que estos no son sino estudios puramente cuantitativos que se enfrentan a dos problemas:

1. Sus resultados no representan un discurso coherente y con sentido que pueda ser entendido y al que se le pueda dar respuesta.

2. Realizan un estudio de lo sucedido hasta el momento, pero ante una situación que deseemos cambiar no indican cuál puede ser la mejor acción a realizar o el mejor discurso a elaborar.

Debido a ello, surge la necesidad de generar sentido. Ser capaz de aunar estos resultados y transformarlos en una voz que exprese la opinión general o mayoritaria sobre un tema en cuestión. Unir las piezas del puzzle de manera que nos den una visión global de la conversación.

Lo interesante es que esta elaboración ha de ser llevada a cabo teniendo muchos factores en cuenta. No todos los integrantes de una conversación manejan los mismos registros, lo hacen en el mismo contexto, utilizan las palabras de la misma forma o tienen la misma intención. Es decir, intervienen factores sociológicos, antropológicos, económicos, pedagógicos, históricos, filológicos e incluso filosóficos. Elementos que las herramientas de medición simplemente ignoran.

Esto conlleva que, por muy perfectas que sean las herramientas, la creación de sentido únicamente puede ser elaborada por seres humanos. Sin embargo, debido al inmenso número de factores antes mencionado, esta tarea habrá de ser realizada por un equipo de personas con carácter multidisciplinar. Es decir, un grupo de individuos dispuestos a debatir y entrar en conversación entre sí aportando cada uno el enfoque propio de su materia. Ha llegado el momento de decir adiós al equipo de especialistas en un tema específico.

Es por esto por lo que quienes se dediquen a la creación de sentido habrán de responder a lo que Juan Freire llamó “especialistas T”, los cuales han de poseer una gran visión y profundidad en ciertos campos pero al mismo tiempo contar con una visión global o periférica. Efectivamente, no pueden ser personas encerradas en sus propios campos de estudio con absoluto desconocimiento de todos los demás. Como mínimo deben contar con nociones de muchas otras materias. Sólo de esta forma serán capaces de enlazar sus propios análisis con los de sus compañeros, elaborando entre todos un mapa de la conversación con el que podamos guiarnos y entendernos.

Pero aún quedaría por dar respuesta a la segunda dificultad planteada: ¿cómo generar nuevos discursos con los que entrar en la conversación? ¿Cómo elegir el registro adecuado, plantear finalidades concretas  y comunicarnos? En mi opinión, ésta podría ser una tarea para alguien con visión estrictamente periférica. Esta persona habría de moverse con comodidad por una gran variedad de registros técnicos y culturales siendo capaz de conjugar ambos. En su tarea sería más importante la habilidad de cuestionar, encontrar, comprender y generar una información con valores añadidos, que la profundidad de sus conocimientos en áreas específicas.

Todavía lo desconocen, pero este último es el perfil que empresas, asociaciones e instituciones, más están demandando sin saberlo.Desafortunadamente, seguimos deseando especialistas en temas cada vez más concretos que terminan por no aportar a nuestros proyectos ningún valor social.

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20 julio, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

Radian6: herramientas científicas para una comprensión humanista

En el siguiente post llevaré a cabo, con ayuda de la herramienta de análisis en social media Radian6, un estudio de las relaciones entre los conceptos “ciencias” y “humanidades” con algunas universidades de la Comunidad de Madrid. El objetivo es mostrar un cambio de tendencia en el interés por determinados estudios. Las transformaciones sociales existentes en el momento actual podrían ser el germen de una nueva inclinación hacia los estudios centrados en el ser humano y su vida en comunidad. De ser así, universidades y centros educativos deberían pararse a escuchar a la  hora de elaborar sus discursos y planes de estudios.

¿Estudiar ciencias o humanidades? Todos nos hemos enfrentado alguna vez a esta pregunta. Sin embargo, podría resultar dudoso que nuestra decisión al respecto no haya sido condicionada. Los mensajes de las instituciones educativas actuales y los planes de financiación presionan hacia uno de los extremos de la balanza.  Incluso, existe una amplia tradición popular que nos avisa de que únicamente quienes valen acaban en ciencias. Toda esta información influye en nuestra forma de ver y entender nuestro entorno hasta el punto de determinar nuestras acciones.

Pero esto no posee una valoración negativa en la sociedad actual. Potenciar las inclinaciones científicas se considera estar favoreciendo a los más preparados. Asimismo, los estudios de estas características son vistos como aquellos que aportan conocimientos verdaderos y útiles para la obtención de un empleo en el futuro.

Sin embargo, resulta posible pensar que este modelo educativo esté marginando a un amplio sector estudiantil. Personas cuyos intereses no se encuentran centrados en el terreno científico. Todo un sector de la población con unas inclinaciones propias y legítimas.

Con esta sospecha entre las manos, realicé una pequeña prospección con ayuda de la herramienta Radian6. Mi objetivo ha sido comparar los usos que las personas han realizado de los conceptos “ciencias” y “humanidades” en relación con algunas de las principales universidades de la Comunidad de Madrid.

Pese a lo genérico que pueden llegar a resultar ambos conceptos, he tratado de acotarlos lo suficiente como para que se refieran exclusivamente a planes de estudio u opiniones al respecto. A pesar de lo cual, los resultados obtenidos únicamente afectarán a los últimos treinta días, teniendo en cuenta que en medios sociales el contenido está siendo constantemente actualizado.

En un primer acercamiento, de lo que no cabe duda es del aplastante volumen de comentarios que hacen mención directa a las ciencias.

La conclusión que podría sacarse de esto es que actualmente existe por parte de los estudiantes un mayor interés por el terreno científico, lo que se traduce en una mayor demanda de los planes de estudio correspondientes. Los centros educativos y las organización encargadas de su gestión, encuentran así motivos para invertir prioritariamente en este área de conocimiento.

Sin embargo, cuando llevamos a cabo un análisis en forma de nube de tags, encontramos algo que debería llamarnos la atención. El concepto “ciencias”, lo encontramos estrechamente relacionado con el concepto “universidad” y, curiosamente, con “política” y “economía” a un nivel inferior.

Por el contrario, el concepto “humanidades” aparece notablemente distanciado del de “universidad”, pero directamente vinculado a “educación” o a “internacional”.

¿Cómo es posible que un concepto notablemente relacionado con el de “educación” se encuentre tan alejado del de “universidad”? ¿Es posible que exista un sector de la población preocupado por la educación cuyos discursos no se encuentren vinculados a la universidad? ¿No será que quienes estudian estas materias reclaman precisamente reformas educativas? En mi opinión, resulta interesante encontrar una mayor distancia entre las ciencias y la investigación que entre ésta y las humanidades. Aunque, lo que no hallamos en la nube correspondiente al concepto “humanidades” son otros vocablos como “política” o “economía”. A lo que podríamos preguntar ¿qué política y qué economía son éstas?

Lo que todo esto puede llevarnos a concluir es que existe un amplio sector estudiantil cuyos intereses no se ven reflejados en la universidad. Gente con necesidades educativas específicas que no encuentran su espacio en la educación superior actual. Posiblemente, esto mismo sea lo que les lleva a hablar de un determinado tema. No debemos olvidar que actualmente existe un debate en torno al carácter obsoleto de nuestro sistema educativo.

En este sentido, podría resultar provechoso para las universidades comenzar a elaborar discursos y planes de estudios en los que se satisfagan estas necesidades. De este modo, resultaría atrayente para todo un bloque del sector estudiantil que actualmente la mira con desencanto. Incorporarlos a sus planes formativos, significaría contar con el germen de su propio cambio y satisfacer las necesidades educativas de gran parte de la población.

Por otro lado, esto no debería significar olvidarse de un segmento de la población para volcarse en el otro. Un análisis de tendencia de los conceptos en juego nos puede ayudar a comprender que ambos se encuentran relacionados.

Las fluctuaciones de uno afectan al otro. Y aunque las humanidades parezcan estar condenadas a sufrir un paralelismo subterráneo con las ciencias, resulta complicado determinar cuál de los dos conceptos actúa sobre el otro. Posiblemente, no exista una regla precisa al respecto.

Lo que sí es cierto es que, si nos detenemos a escuchar las conversaciones mantenidas durante el mayor pico del concepto “ciencias” el pasado día 23 de junio, nos encontramos con que gran parte de los posts no se refieren a las ciencias naturales sino a las ciencias sociales. Asimismo, se repite constantemente el tema de la reciente acampada en la Puerta del Sol y las acciones de los indignados el anterior 19 de junio, a lo que no podrían faltar algunos nombres de redes sociales. Y curiosamente, a pesar de encontrarse en su pico más alto, en la nube de tags, encontramos un notable distanciamiento del concepto “ciencias” del de “universidad”, apareciendo sin embargo el de “educación”.

¿Quiere esto decir que el interés por las ciencias despunta realmente cuando se refiere a las ciencias sociales? ¿Significa que existe un repunte por el interés de lo que se ha denominado peyorativamente “ciencias blandas”? Lo cierto es que estos datos podrían denotar un cambio en nuestros canales de comunicación así como una transformación de los intereses sociales hacia nuevos campos de estudios centrados en la sociedad y en las personas.

Es decir, debido a las transformaciones sociales que estamos viviendo, es posible que exista un creciente interés por las materias cuyo objeto de estudio es el ser humano. Debido a ello, se reclama una transformación educativa que atienda a esta tendencia. Algo que termina por distanciar a las personas de las ciencias naturales para acercarlos a las ciencias sociales.

Pero ¿no existía una materia que anteriormente ya hablara sobre este tema? ¿Y no se vincula esta materia con el vocablo “sociales”? Efectivamente, ya expuse que el concepto “humanidades” se encontraba estrecha y permanentemente vinculado con el de “educación”. Luego, posiblemente, ésta fuera ya una preocupación para quienes conocen estos estudios. Sin embargo, parecen haber estado acallados durante mucho tiempo. ¿Es que es necesario que algo aparezca junto al adjetivo “científico” para que comencemos a escucharlo?

De ser así, no parece ser el camino para una transformación estable y duradera de nuestro sistema educativo. Simplemente con mirar el análisis de tendencia comprobamos que, mientras que el interés por el concepto “ciencia” acusa de continuas y marcadas fluctuaciones, el de “humanidades” permanece constante en las conversaciones a lo largo del tiempo. Es decir, quienes utilizan este último término lo mantienen constante en su horizonte de interés. ¿No será que la educación del futuro habrá de ser eminentemente humanista?

En conclusión, debido a las transformaciones sociales que estamos viviendo, el interés de las personas parece estar virando hacia nuevos campos de conocimiento. Debido a ello, las personas comienzan a preguntarse si no será necesaria una transformación del sistema educativo actual. No es que sea erróneo, sino que no responde a las necesidades sociales. Lo que esto denota es un cambio en nuestra forma de vida. Nos preocupa entender los nuevos medios de comunicación y las formas emergentes de organización social. Sin embargo, parece existir una corriente de opinión que no confía exclusivamente en las ciencias naturales para ello.

En respuesta a esta demanda, el sistema educativo debería estar cambiando porque nuestro estilo de vida ya lo ha hecho.  En un futuro cercano las ciencias sociales podrían comenzar a despuntar. E incluso, es posible, que éstas traigan consigo la tan ansiada transformación educativa. Sin embargo, yo no puedo dejar de preguntarme ¿de dónde ha partido esta tendencia? ¿No son las humanidades el germen de este nuevo paradigma social? ¿No estaremos haciendo oídos sordos a lo que verdaderamente importa?

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