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5 marzo, 2013 / Enrique Forniés Gancedo

El cuidado de mis datos

El cuidado de mis datosEn un post anterior comenté el status y el valor de intercambio que los datos han adquirido en la actualidad. En éste haré foco sobre el papel que los datos juegan en nuestras vidas particulares. La idea que expondré es que, en las sociedades industrializadas (pos)modernas, la posibilidad de generar y almacenar nuestros propios datos impulsa la aparición de una nueva forma de vida bajo una promesa de mejora continua de nosotros mismos y acercamiento hacia la mejor de las vidas posibles.

Una de las más ansiadas esperanzas del ser humano a lo largo de la historia ha sido la de ser capaz de llevar la mejor de las vidas posibles. Éste ha sido el objetivo de múltiples teorías éticas que concibieron la vida humana como un proceso de mejora continua. Dicho proceso era posible mediante el entrenamiento en determinadas prácticas a las que consideraron “virtudes”.

Lo que esto exigía al sujeto era un control sobre sí mismo, un entrenamiento y vigilancia constantes de aquellas prácticas en las que confiaba para alcanzar progresivamente un mejor estado de sí. En La hermenéutica del sujeto Foucault se refiere a este conjunto de prácticas como “el cuidado de sí”, y las describe como “una serie de acciones […] que uno ejerce sobre sí mismo, acciones por las cuales se hace cargo de sí mismo, se modifica, se purifica, se transforma y transfigura”.

En el mundo actual, esta necesidad de modificación y mejora constante de nosotros mismos, vuelve a surgir con la posibilidad de generar y almacenar datos procedentes de nuestra propia actividad. De esta simple oportunidad se derivan al menos dos hábitos que están transformando nuestra vida cotidiana:

Adquirir aquellas competencias cuyas prácticas generen los mejores datos posibles

Adiestrarnos a nosotros mismos en estas prácticas para mejorar nuestros resultados

Es decir, el intento por mejorarnos a nosotros mismos encuentra su traducción en la posibilidad de generar y mejorar nuestras propias estadísticas.

A mi entender, el cuidado de nuestros propios datos se ha convertido en lo más parecido al cuidado de nosotros mismos, llegando a transformarse en una ética contemporánea. Asimismo, la posibilidad de contrastar y mejorar estos datos a lo largo del tiempo ha pasado a considerarse como una forma objetiva de medir nuestro progreso en la mejora de nosotros mismos y lo cerca que nos encontramos de nuestros objetivos.

Smartphones, aplicaciones que miden nuestra actividad en medios sociales, dispositivos para evaluar nuestro rendimiento deportivo, recomendaciones sugeridas a partir de nuestros datos, e incluso estadísticas del uso de nuestras estadísticas. Estos son algunos ejemplos de generadores y almacenes de datos propios que cada vez se están haciendo más habituales en nuestras vidas y forman una parte importante de ellas.

En conclusión: en el siglo XXI, la ética del cuidado de nosotros mismos encuentra su traducción en el intento de mejora constante de los datos que generamos. La esperanza puesta en ello es que dicha mejora sea la vía hacia la obtención de la mejor de las vidas posibles.

Por otro lado, antes de confiarnos exclusivamente a la matematización y medición de la mejora de nosotros mismos, no estaría de más recuperar aquellas palabras de Sócrates que aseguraban: “una vida sin examen no merece ser vivida”.

 

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