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6 septiembre, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

Decidir ante situaciones de cambio y crisis

Comités de bioética, dirigentes de empresas, estudiantes y personas en general, se enfrentan continuamente a situaciones en las que el éxito o el fracaso dependen de la decisión que tomen. Saber si aquella fue la opción adecuada o debimos haber hecho otra elección es siempre difícil de averiguar.

En este post expongo algunas de las implicaciones de la teoría de la decisión de Daniel Kahneman. El objetivo es proponer un modelo aplicable a nuestras decisiones que las convierta en más racionales y efectivas ante situaciones de crisis

Según el Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, nuestras decisiones podrían clasificarse en dos grandes grupos:

1. Intuitivas: se trata de aquellas elecciones que tomamos sin esfuerzo y sin pararnos a considerar. Se basan en la costumbre así como en relaciones asociativas y emocionales. Generalmente, son difíciles de cambiar.

2. Razonadas: cuestan esfuerzo, su aceptación es lenta y supuestamente controlada por el individuo. Tenemos conciencia de ellas y suelen estar potencialmente dirigidas por reglas.

El sistema encargado de las elecciones intuitivas es difícil de controlar porque funciona de un modo similar a como lo hace nuestra percepción: recoge datos del entorno, los elabora y emite una respuesta inmediata. Al mirar en una dirección, vemos lo que se encuentra a nuestro alrededor sin necesidad de elaborar razonamiento alguno. Y lo que limita nuestra capacidad de ver no son nuestros razonamientos sino las condiciones ambientales del entorno, las cuales nos permiten (o no) tener acceso a determinados rasgos de la imagen.

Del mismo modo, nuestras decisiones intuitivas son tomadas automáticamente por nosotros en función del análisis inmediato que hagamos del entorno. Como dice el propio Kahneman, “Las decisiones intuitivas serán moldeadas por los factores que determinan la accesibilidad de los distintos rasgos de la situación”. Nuestra capacidad de análisis del marco en el que realizamos nuestras decisiones puede mostrarse decisivo al respecto.

Lo interesante de esto es que dicho modo de tomar decisiones es el que actúa generalmente. Para poner en marcha un sistema de elecciones razonadas necesitamos despertar dudas. Y sin motivos para la duda son nuestras decisiones intuitivas las que guían nuestras vidas.

Debido a su preeminencia, habría que pensar que son estas decisiones intuitivas las que modelan nuestras vidas y se encargan de la mayor parte de nuestras decisiones. Es decir, son las que configuran nuestra normalidad y conforman nuestras decisiones rutinarias. Por eso, ante una situación totalmente nueva o una crisis en la que nuestra normalidad se vea quebrada, son precisamente las que habremos de cambiar.

Es por esto por lo que resulta indispensable tomar conciencia de ellas y saber los factores que afectan en su consecución. Según Herbert Simon, además de algunos factores cognitivos, podríamos encontrar otros no cognitivos entre los que destacarían:

1. Cultura: entendida como el conjunto de normas sociales que nos son transmitidas a los largo de nuestras educación.

2. Emociones: como el conjunto de inclinaciones o divergencias respecto a determinadas personas u objetos.

3. Imitación: como nuestra tendencia natural a copiar y repetir el comportamiento de otros seres humanos.

Como puede comprobarse, en gran parte dichos factores proceden de nuestro entorno social. Es decir, la comunidad de personas con las que nos relacionamos influye considerablemente en la conformación de los factores que nos permitirán analizar nuestro marco de actuación. Incluso, es posible que nuestra tendencia a imitar no sea social sino natural, pero lo que imitamos son los comportamientos sociales de quienes nos rodean.

Bajo este punto de vista, tomar conciencia de nuestras decisiones comunes puede llevarse a cabo aumentando el conocimiento acerca de la comunidad en la que me habitualmente nos movemos. Sin embargo, cabría preguntarse ¿cómo hacer un análisis de estos factores sin son ellos mismos los que regulan nuestro acceso al entorno? ¿No entraríamos en un círculo vicioso sin solución? ¿No querría decir esto que nunca podremos cambiar nuestras decisiones y ante una crisis estaremos abocados al fracaso?

Nada más lejos de la realidad si estos factores salieran a la luz por contraste en lugar de por análisis.  Enfrentarnos a personas que toman decisiones distintas a las nuestras puede ser motivo suficiente para activar las dudas que despiertan el sistema de decisiones razonadas. Pero esto sólo es posible entrando en contacto con individuos que hayan seguido recorridos académicos distintos, procedentes de otras culturas, con diferentes experiencias vitales, etc.

En conclusión: las decisiones que produzcan el cambio sólo podrán venir de la interdisciplinariedad y la interculturalidad.

¿Quieres saber más?

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