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12 julio, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

…Y del cientificismo a las humanidades

La semana pasada me enviaron un artículo de amazings.es que me fue cortando la respiración a medida que lo leía. El presente post es una contestación a dicho artículo, por lo que recomiendo encarecidamente leerlo previamente. Asimismo, aun cuando el ataque de aquel artículo esté dirigido contra varias materias, mi contestación será llevada a cabo desde el campo de las humanidades al ser el terreno del que procedo.

Que las ciencias naturales son la única forma racional de acercarse al mundo es algo que estamos acostumbrados a oír quienes hemos realizado estudios superiores en áreas humanísticas. A continuación trataré de mostrar que quienes sostienen posturas como ésta no sólo simplifican la racionalidad humana, sino que además acaban por defender la más irracional de las posturas.

Se denomina cientificista a quien considera que todos los fenómenos del mundo pueden ser conocidos y explicados a través de la ciencia natural. Únicamente la ciencia y su metodología resultan aceptables para la elaboración de estudios rigurosos cuyos resultados puedan ser calificados como “verdaderos”. Debido a ello, todo lo que no se ajuste a criterios científicos puede ser eliminado sin perjuicio alguno para nuestra racionalidad. Por eso, en el artículo mencionado, se equipara estar en contra de esta afirmación con mantener una actitud irracional.

Sin embargo, habría que aclarar que el anticientificista no es necesariamente anticientífico. El anticientificista no aspira a eliminar la ciencia del horizonte de la racionalidad, sino a mostrar su insuficiencia para la explicación o la comprensión de determinados aspectos del mundo y la vida humana. Lo cual implica reconocer las limitaciones de las propias materias humanísticas en tanto que admite que algunos aspectos de la realidad pertenecen al campo de la ciencia natural. En este sentido, el humanista es más crítico con sus propios estudios que el científico que presume de no poseer dogmas (Hacker, P. “Wittgenstein and the Autonomy of Humanistic Undersanding”).

En segundo lugar, en el artículo mencionado, se considera a la ciencia como el estudio de las causas y los efectos, atendiendo únicamente a criterios empíricos, con el fin de predecir hechos. De esto se deduce que toda proposición científica debe hacer referencia directa (o poder ser reducida) a hechos empíricos. Pero antes de poder buscar un objeto debo saber qué busco. No puedo buscar sin más. Si busco, busco algo que conozco antes de la búsqueda. Para saber si utilizo una proposición científica correctamente debo saber con qué hechos ha de coincidir. Pero debo saber qué hechos son éstos antes de aplicar la proposición científica, pues de lo contrario nunca sabré si la he aplicado correctamente. Luego el modo de fijar nuestra atención sobre determinados hechos o describirlos de alguna manera, es previo a la formulación científica. (Wittgenstein, L. Investigaciones filosóficas).

Por otro lado, hemos de evitar caer en lo que se conoce como la falacia naturalista, que significa confundir lo que es con lo que debería ser. Una cosa es cómo nos gustaría que fuese la ciencia y otra cómo de hecho se practica la ciencia. Y si quisiéramos ser empíricos cientificistas rigurosos, deberíamos recurrir únicamente a los hechos y ajustarnos a cómo la ciencia es practicada. Lo demás serán reflexiones especulativas que, debido a su carencia de rigor científico, habrán de ser eliminadas (Hume, D. Tratado de la naturaleza humana). Sin embargo, resulta muy discutible que los científicos actuales utilicen un método concreto y unificado. De ser así, ¿no habría una asignatura acerca del método científico en dichos estudios? Mi experiencia (sí, mi experiencia) impartiendo un seminario sobre método científico me dice que dicha asignatura no existe en los planes de estudio “científicos”. Luego, o el cientificista acepta de manera irreflexiva un método, o el método es sencillamente un adiestramiento adquirido acríticamente por repetición, o no existe tal método y cada uno practica la ciencia como le viene en gana (Kuhn, T. S. La estructura de las revoluciones científicas).

Lo cual nos llevaría a un cuarto problema para el cientificista. Suponiendo que al final encontráramos un método utilizado por quienes practican la ciencia, aún nos quedaría por contestar cómo podríamos aceptar la validez de este estudio. Es decir, para que aportara resultados verdaderos, el estudio empírico acerca de cómo de hecho se practica la ciencia habría de ser llevado a cabo mediante métodos científicos. De esta forma podríamos afirmar que conocemos dicho método y que éste es verdadero. Sin embargo, si nos preguntamos cómo es posible que el método científico termine por validarse a sí mismo, acabaremos cayendo en la siguiente contradicción: si el método resulta validado por sí mismo, el método es válido en tanto que funciona como medio para obtener métodos correctos. Pero si el método es invalidado por sí mismo, también resulta válido en tanto que demuestra su eficiencia en el descubrimiento de métodos erróneos. Luego el método científico es verdadero porque es falso.

Desde este punto de vista, o admitimos que el método científico carece de todo rigor científico y extraemos de ello todas las consecuencias posibles o, como afirmaba Feyerabend, admitimos simplemente que no podemos encontrar ninguna prueba científica de la ciencia (Feyerabend, P. K. Diálogos sobre el conocimiento)

Lo que pretendo afirmar con todo esto es que, al igual que el escepticismo radical, el cientificismo absoluto termina por anularse a sí mismo. De lo que no se da cuenta el cientificista es que al afirmar que todo aquello que no se basa en criterios científicos son especulaciones míticas, religiosas o sobrenaturales, está diciendo que la ciencia se basa en estas mismas especulaciones al no poder dar cuenta de sí misma.

Sin embargo, durante el desarrollo de este post no creo haber acudido a ningún tipo de misticismo metafísico. Tampoco he anulado los resultados de la ciencia, sino que he mostrado la necesidad de una reflexión previa a ella misma que no puede responder a criterios científicos. La ciencia puede poseer un campo de actuación sobre el que obtener resultados objetivos. El problema es que dicho campo es tan reducido que ni siquiera se basta para comprenderse a sí misma.

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5 comentarios

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  1. yack / Jul 12 2011 12:50 pm

    Creo que como buen filosofo te enredas en tus propias elucubraciones. La cosa es muy simple.

    Alguien tiene una ocurrencia, una teoría, un modelo, una explicación sobre el mundo real. Si esa cosa tiene valor predictivo, es decir, que permite hacer predicciones más fiables y precisas que las que se podían hacer antes, es evaluada por los científicos.

    Se somete a todo tipo de pruebas objetivas, haciendo predicciones y comprobando que se cumplen. Si supera la prueba en opinión de la mayoría de los científicos prestigiosos, se da a conocer y se incorpora al corpus de conocimientos científicos.

    Y ahí acaba todo, en tanto no se hace un nuevo descubrimiento, que puede ser diferente o versar sobre el mismo tema y ser más eficaz, en cuyo caso sustituye total o parcialmente al anterior (Newton-Einstein o Epiciclos-elipses).

    En definitiva la ciencia lo único que pretende es hacernos la vida más cómoda, aportando modelos que nos permitan predecir el futuro y beneficiarnos con ello.

    Y lo demás es filosófia para ociosos que se dedican a poner motes a la ciencia para desacreditarla, aunque evidentemente sólo se desacreditan a sí mismos.

    Saludos.

  2. Enrique Forniés Gancedo / Jul 12 2011 2:40 pm

    Gracias por tu interés y el comentario Yack.

    Defender una concepción falsacionista de la ciencia a lo Karl Popper, puede llevarnos a varios problemas. Si piensas que la ciencia comienza con la propuesta espontanea de un modelo que posteriormente habrá de ser contrastado con los hechos, te arriesgas a la posibilidad de que cada experimento únicamente suponga la inclusión de una clausula ad hoc que supere las anomalías. ¿Que la bola tarda más de lo esperado en caer por la rampa? Es porque existe un rozamiento que no debería existir en condiciones ideales. ¿Que los gigantes se convierten en molinos? Es porque hasta el momento habíamos estado sometidos a un encantamiento.

    En segundo lugar, ¿desde qué punto de vista someteremos a pruebas objetivas a las teorías aspirantes a convertirse en científicas? Supuestamente, desde el de las teorías que en el momento presente configuren el corpus científico. Teorías que contienen sus propios criterios de corrección y verdad, por lo que toda teoría que las contradigas será automáticamente descalificada por ir contra esos mismo criterios. Si la teoría dice que todos los cisnes son blancos, la aparición de un cisne negro no será un criterio para eliminar la teoría anterior, sino para incluir un nuevo tipo de ave que no es un cisne porque los cisnes son blancos.

    Por otro lado, parece ser que, en tu opinión, al final resulta que quienes han de decidir qué teoría puede ser eliminada son aquellos científicos que gozan de cierto prestigio dentro de su campo. Luego hay una cúpula de personas que dictamina lo que los demás han de investigar porque ellos los han decidido así. Y quienes lo hagan llegarán a formar parte de esa cúpula ¿Y no es esto una teoría sociológica antes que una explicación de la ciencia natural?

    Saludos.

    • Israel Cycni / May 23 2016 9:23 pm

      Muy cierto. Ahí la pregunta sería: ¿Esa ave con apariencia de cisne es en realidad un cisne?

  3. Manuel García Sesma / Sep 16 2011 7:06 am

    Decía Ortega y Gasset al respecto: <>
    Como bien afirma Enrique si la razón científica se hace a sí misma “autosuficiente”, es decir, si se autolegitima su criterio de verificación, corremos el peligro de reducirlo todo a sus resultados. Y a la hora de evaluar las últimas consecuencias de este criterio, acabaríamos inmersos en una regresión al absurdo, o en una tautología: “La razón científica por la razón científica misma”. La referencia absoluta de la razón científica no puede ser ella misma, si en el proceso no se habita una posición en última instancia irracional. Es decir, que al final tendríamos que efectivamente se trata de una posición o postura ideológica. Creo en este criterio y su contundencia me hace pensar que debe ser considerado como absoluto, como único instrumento legítimo de verdad. Y a eso lo llaman cientifismo o radicalismo científico. Es, como diría Ortega o incluso Unamuno, una creencia en la razón razonante, que en su apogeo mayestático no puede dar razón de sí misma.

    Un saludo.

  4. Manuel García Sesma / Sep 16 2011 7:06 am

    Perdón. No salió la cita de Ortega. Es la siguiente: “sin duda, en comparación con una novela, la ciencia parece la realidad misma. Pero en comparación con la realidad auténtica se advierte lo que la ciencia tiene de novela, de fantasía, de construcción mental, de edificio imaginario”.

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