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11 febrero, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

¿Quién es la clase política?

En época de crisis uno se preocupa. Y también ve que los de al lado se preocupan. Pero ¿cuáles son las preocupaciones? Pues resulta que en un ranking la tercera de la preocupaciones de los españoles es la “clase política”. Es cierto, nos preocupan, se les ve tan terriblemente incapaces y con reacciones tan pueriles que nos preocupan porque son como niños que se esconden los caramelos para que nadie más se los coma.

Pero ¿qué es la “clase política”? ¿Por qué hablamos de “clase política”? ¿Es que acaso existe un estrato social que se dedica a la política por derecho? Pues parece ser que sí. Existe un conjunto de personas que se reparten la posibilidad de gobernar y ordenar los asuntos de la ciudad mientras que los demás nos limitamos a asumir lo que nos viene de arriba. Deciden los estudios que hemos de estudiar, el precio de los transportes públicos y las viviendas, el dinero que ganara con su trabajo quien lo tenga, o que todavía podemos aguantar un poco más de polución antes de tomar medidas al respecto. Se puede elegir cada cierto tiempo, pero las elecciones se restringen a ellos.

¿Esto es ser “político”? Bueno, la verdad es que en origen el adjetivo “político” hacía referencia a todo lo relativo al ciudadano y al ordenamiento de la ciudad. Asimismo, Aristóteles definía al ser humano como un animal político. Porque los seres humanos, en cuanto tales, poseían una doble naturaleza: la que les era conferida por su nacimiento y la que llegaban a adquirir a través de la educación y la práctica social. Por eso, según Aristóteles, somos animales políticos. O lo que es lo mismo, llegamos a ser lo que podemos ser a través de la práctica política.

Lo interesante es que las cualidades racionales de la persona dependen de esta posibilidad. Mediante la interactuación y la práctica social nos desarrollamos como personas y somos reconocidos por los demás como seres racionales. Por eso somos personas en la medida en que participamos de la política. En este sentido, la “clase política” son los ciudadanos al completo y lo que ocurre en la ciudad es responsabilidad de la ciudadanía.

En lugares como Egipto la población parece haber tomado conciencia de esto. Su preocupación era la clase política, pero en lugar de mirar con desconfianza a los de arriba, se han dado cuenta de que la clase política eran ellos mismos. Cansados de no obtener espacios físicos para el desarrollo de su responsabilidad, los ciudadanos se organizaron en espacios virtuales. El resultado: un nuevo modo de hacer política democrática y efectivamente participativa.

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