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14 enero, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

¿Por qué “innovar” no es “investigar”?

En nuestras políticas existe una preocupación creciente por el campo conocido como I+D+I (Investigación, Desarrollo e Innovación). De hecho, se ha relacionado directamente con el modo de encontrar las soluciones necesarias para salir de una crisis como la actual. A mayor investigación, mayor desarrollo de nuestro conocimiento y mayor posibilidad de crear nuevas ideas que nos permitan volver a avanzar. Sin embargo, no debemos olvidar que “investigar” supone la aplicación de un método concreto sobre un campo de estudio. De este modo, se desarrollan y amplían los conocimientos acerca de un determinado tema. De ahí la necesidad de reunir grupos especializados en un área muy concreta, que trabajen con materiales y aparatos específicos: los “expertos”. Por otro lado, tanto la innovación como el desarrollo se entienden exclusivamente dentro del campo científico-técnico, pues éstas son las dos únicas materias que pueden aportar elementos útiles a la sociedad.

Al respecto propongo dos reflexiones: En multitud de ocasiones, ¿qué dicen estos “expertos” que vaya más allá del sentido común?


Por otro lado ¿qué es lo que habitualmente saben estos “expertos”? Normalmente lo que en centros formativos de prestigio se enseña actualmente, es decir lo mismo que llevan haciendo otros expertos desde hace muchos años. Y en el caso concreto de la economía, lo mismo que ha llevado a la crisis actual.

Por eso, en mi opinión, el “experto” no es el más adecuado para aportar nuevas ideas. Podrá profundizar o afianzar las que ya existen (lo cual tiene su mérito), pero no innovar, porque “innovar” no es “investigar” sino todo lo contrario. Romper alguna regla pautada o tomar de otro campo un determinado elemento es lo que habitualmente ha generado las grandes ideas que han permitido hacer avanzar a la sociedad.

Tras la Revolución Rusa, la única forma de poner en marcha el comunismo fue propiciando la posibilidad de pequeñas inversiones privadas en empresas. A Roosevelt se le acusó de intervencionista y comunista cuando afrontó medidas que sacaron de la Gran Depresión a su país. A los artistas que dieron lugar al impresionismo abandonando la línea por el color se les acusó de no saber pintar.

Todas ellas fueron acusaciones hechas por “expertos”, muy orgullosos de su status y muy preocupados por no perderlo. Pero quienes encontraron nuevas vías y fueron realmente útiles socialmente fueron personas que se manejaban en la “inespecificidad” y que no tenían problema en conversar con gente de cualquier área o en leer libros de cualquier materia porque estaban más preocupados por saber cómo se hacían las cosas en otros ámbitos que en demostrar su superioridad.

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