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26 noviembre, 2010 / Enrique Forniés Gancedo

Lo cotidiano del juego

Ha entrado en escena un conjunto de personas que comienza a darle más importancia de la habitual al concepto de juego. Algunos de ellos fijan su atención en los videojuegos, otros en convertir las actividades cotidianas en juegos, y existen quienes atienden a la posibilidad de que el juego no sea una actividad exclusivamente humana. Sin embargo, lo que todos ellos tienen en común es que ven el juego como una herramienta para la creación de motivaciones y comportamientos cívicos.

En mi opinión, a lo que estas investigaciones apuntan es a que el juego no es una forma cualquiera de aprender comportamientos, sino que es la manera en la que los seres humanos lo hacemos. Sin embargo, nadie está lo suficientemente loco como para decirle a un niño: “ven, que te voy a explicar una actividad social regida por normas consensuadas cuyo seguimiento procura la consecución de un objetivo: el parchís”. Tampoco recibimos una explicación acerca de qué es una regla y cómo debemos seguirla. Por el contrario, a jugar se aprende jugando.

 

Pero aún hay algo más que añadir. Todas estas personas parecen hacer una distinción entre “vida cotidiana” y “juego”, de manera que el juego es aquello que te saca de la rutina y te lleva a un mundo de recompensas y estimulación neuronal. Sin embargo ¿qué podría parecerse más a las reglas de un juego que cruzar la carretera cuando la luz está en verde y no hacerlo cuando está en rojo? Por mi parte, no creo que aquélla sea la distinción adecuada, sino que más bien deberíamos hablar de viejos y nuevos juegos. Conjuntos de reglas que se han convertido tanto en rutina que conforman nuestras vidas, y conjuntos novedosos que nos ofrecen nuevas formas de afrontar nuestra cotidianeidad.

Por otro lado, la importancia del juego no es algo que se haya descubierto recientemente. Los jesuitas del colegio donde estudio Descartes ya conocían su valor, y organizaban de manera habitual juegos en los que dos grupos de alumnos se enfrentaban en la resolución de diversos enigmas. Asimismo, un humanista como Vittorino de’ Rambaldoni de Feltre, entendió que una educación completa debía estar basada en el juego (ludus), porque sólo de esta manera se fortalecia el cuerpo, el intelecto y la adquisición de valores morales en un solo ejercicio. Ellos, posiblemente, formaron parte de un grupo de personas que revolucionaron la educación de su tiempo, consiguiendo así formar individuos que posteriormente hicieron enormes aportaciones al género humano.

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One Comment

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  1. Javichaman / Dic 18 2010 8:05 am

    Quique, me gusta mucho el enfoque con el que miras todas las cosas, en especial aquellas que la ciencia coloca ahora en la vanguardia y que corren el riesgo de ponerse de moda y pasar a ser demasiado ligeras. Tus comentarios las dotan de peso, el peso que da la historia, el que da, también, leer las cosas despicaos y mirar lo mismo desde ángulos distintos.

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