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11 noviembre, 2010 / Enrique Forniés Gancedo

Humanismo e Internet

eía recientemente en  “el caparazon” unas declaraciones de Andrea Lunsford, profesora de la Universidad de Stanford. Esta profesora se encuentra al mando del proyecto “Stanford Study of Writing”, consiste en el análisis 14672 ejemplos de distintas formas de escritura entre los años 2001 al 2006. Sus conclusiones, entre otras, se reflejan en la siguiente afirmación:

Creo que estamos en medio de una revolución en las alfabetizaciones comparable a la que se producía con la civilización griega.  No es que la tecnología esté matando nuestra habilidad para escribir. Muy al contrario: la está reviviendo y dirigiendo nuestra alfabetización en nuevas direcciones”

Y al poco tiempo de esta lectura comprobaba cómo comenzaban a hacerse eco todos los medios de comunicación españoles de las nuevas reformas lingüísticas aceptadas por la RAE. En ellas se cambiaba el nombre de algunas letras, se eliminaban otras (con sonido propio y que no son la conjunción de dos letras sino que tienen su propia evolución), y se simplificaban algunas reglas de acentuación por considerar que el contexto elimina toda posible ambigüedad. Pues bien, esto me hizo pensar que posiblemente hubiera algo que estaba cambiando. Hasta el momento, el slogan de la Academia decía que esta institución “limpia, fija y da esplendor” a la lengua. En este sentido, se encargaría de establecer las normas para el correcto uso de la lengua. Sin embargo, tras las nuevas reformas parece que estos académicos van a la zaga de los acontecimientos, tratando de formalizar de alguna manera lo que ya está ocurriendo o ha ocurrido. Parece haberse invertido el orden de lo normativo y ante la rapidez de los cambios, la Academia no tiene más remedio que acoplarse de alguna manera si pretende tener algún peso todavía.

Por mi parte, yo aún añadiría unas palabras más a las declaraciones de la profesora Lunsford. Esta situación es similar no solo a la de la Grecia clásica, sino también a la ocurrida durante el Renacimiento, donde el invento de la imprenta y el acceso a las universidades de una ascendente clase burguesa provocaron un fenómeno que hoy conocemos como Humanismo. Durante este tiempo se renovaron las antiguas formas de escritura, se desarrollaron nuevos conceptos, se extendió la cultura más allá de las instituciones oficiales y se propició la convivencia y conversación entre los alumnos (contubernium). Asimismo, es la época del desarrollo de manuales que simplificaban las reglas de las doctrinas académicas y las aplicaban a funciones prácticas. Guarino de Guarinis escribió De regulae donde mayormente se recurría a ejemplos del uso de las palabras en lugar de a reglas abstractas; se elaboró la Aritmética de Treviso, que consistía en un conjunto de reglas prácticas para su aplicación a las labores comerciales; Johan Widmann desarrolló el primer manual donde aparecen los símbolos “+” y “-” para referirse a la suma y a la resta; y Antonio de Nebrija redactó la Gramática de la lengua castellana.

En definitiva, el mundo de internet (que en algo supera al de la imprenta) posibilita que cambios similares a los del Renacimiento puedan tener hoy en día una repercusión prácticamente global. Debido a ello, las transformaciones en el lenguaje posiblemente serán más rápidas, más profundas y más extensas de lo que pudieron ser en cualquier otra época. Por eso, quizá haga falta una reestructuración de nuestra normatividad lingüística. Sin embargo, no creo que debamos preguntarnos acerca de la pertinencia de dichos cambios, sino a quién corresponde llevarlos a cabo.

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2 comentarios

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  1. juliacgs / Nov 12 2010 12:21 am

    Me parece muy interesante este post, Enrique, sobre todo en lo que comentas sobre la RAE. Efectivamente, quizá sea cierto que estamos viviendo un cambio en dicha institución, que hasta ahora había sido normativa, pero que ahora empieza a dar muestras de querer reflejar más bien el uso… Por otro lado, no hay que olvidar también, al margen de políticas lingüísticas, que la RAE parece dejarse llevar por un afán mercantilista en esta campaña de lo que se conoce como “marketing viral” o como dijo el artista: “Que hablen de ti, aunque sea mal”. No estoy muy segura de la conveniencia de que una institución que más o menos ha preservado su reputación como autoridad se meta voluntariamente en esos berenjenales, esgrimiendo únicamente unos débiles razonamientos panhispanicistas, abandonándose a la jugosa tentación de reflejar habla y no lengua, que es a lo que en realidad se deberían dedicar.

    • Enrique Forniés Gancedo / Nov 12 2010 10:54 am

      Gracias por el comentario Julia. Estoy de acuerdo con todo lo que escribes, sobre todo con la aparente desesperación de la RAE por saltar a los medios de cualquier forma posible para que la gente no se olvide de que existe. También es cierto que por este ansia parecen olvidarse de la distinción lengua-habla, y lo que consiguen con ello es precisamente lo contrario de lo que buscan: desprestigiarse a sí mismos y convertirse en una voz más que da su opinión sobre un asunto del que apenas conocen nada.

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