Skip to content
25 marzo, 2013 / Enrique Forniés Gancedo

El sistema de los datos

El sistema de los datosEl presente post debe leerse en relación a los dos anteriores, donde traté el valor de los datos en el mundo actual (1) y cómo el cuidado de estos datos configura un nuevo modelo ético (2). Lo que ahora me propongo exponer es el modo en el que entramos en relación con estos datos y somos capaces de definir su valor. El resultado será la definición de una competencia personal que resultará imprescindible tanto en nuestras vidas cotidianas como en empresas e instituciones.

Los datos generados durante nuestra actividad digital se han convertido en una fuente de información relevante acerca de cada uno de nosotros, incluso para nosotros mismos. Ejemplo de ello son las múltiples aplicaciones que nos sugieren libros, personas o productos de interés, en función de nuestra actividad pretérita. La publicidad segmentada de Facebook y Google también se encuentra en esta misma línea.

Sin embargo, a diferencia de los productos de un artesano, pese a ser fruto de nuestra actividad, no podemos considerar estos datos como algo de nuestra propiedad. En el caso de las aplicaciones para smartphones, las condiciones de privacidad previas a su instalación nos los hacen saber de manera explícita.

Por eso, el valor que estos datos cobran en relación a nosotros deja de ser el de su posesión para ser el de su accesibilidad y posibilidad de organización. Tomar las decisiones acertadas, leer los libros que nos interesan o contactar con las personas que nos motivan, depende de la posibilidad de saber la ruta de acceso a aquella lectura que guardamos para luego, a nuestras listas de reproducción, a nuestros contactos, a las estadísticas que generamos al comparar diferentes experiencias, etc.

La tesis que pretendo derivar de esto es que en el terreno de los datos se origina un cambio similar al que Baudrillard describió sobre nuestra relación con los objetos. Según afirma este autor en El sistema de los objetos, actualmente “los valores simbólicos y los valores de uso se esfuman detrás de los valores organizacionales”. En el caso de los datos, antes que su significado o su posesión, lo relevante es su gestión y su conexión con otros datos.

De ahí que, además de la preocupación por el cuidado de los datos, surja la necesidad de clasificar, agrupar, relacionar, o tagear, dichos datos. Lo importante no son los elementos sino el sistema que podamos construir con ellos. Adaptando al contexto las palabras de Baudrillard, el individuo “no es ni propietario ni simplemente usuario, sino que es un informador [de dar forma] activo del ambiente”. Y esta capacidad organizacional será una competencia transversal muy demandada en los próximos años.

La presuposición que existe tras esta transformación es que el hecho de ser capaces de establecer un orden resulta sinónimo de utilidad y comprensión. Citando una vez más a nuestro autor, “es necesario que todo comunique, que todo sea funcional, que no haya secretos, ni misterios; como todo se organiza, todo es claro entonces”.

Sin embargo, toda clasificación requiere de conceptos bajo los que agrupar los diferentes elementos. Por eso, cabe preguntarse por las personas e instituciones que considerarán legítimos dichos conceptos para que sean enseñados y utilizados. Asimismo, debería resultarnos de central interés saber si dichos conceptos arrojarán claridad y comprensión sobre nuestras vidas o si acabarán precipitándonos a la más absoluta oscuridad.

Dar respuesta a esta pregunta únicamente será posible desde una formación y actitud humanistas, apoyando unas Humanidades donde todo conocimiento se valore por su relación con el resto y la técnica sea concebida como algo en continuidad con la cultura.

¿Quieres saber más?

Anuncios
5 marzo, 2013 / Enrique Forniés Gancedo

El cuidado de mis datos

El cuidado de mis datosEn un post anterior comenté el status y el valor de intercambio que los datos han adquirido en la actualidad. En éste haré foco sobre el papel que los datos juegan en nuestras vidas particulares. La idea que expondré es que, en las sociedades industrializadas (pos)modernas, la posibilidad de generar y almacenar nuestros propios datos impulsa la aparición de una nueva forma de vida bajo una promesa de mejora continua de nosotros mismos y acercamiento hacia la mejor de las vidas posibles.

Una de las más ansiadas esperanzas del ser humano a lo largo de la historia ha sido la de ser capaz de llevar la mejor de las vidas posibles. Éste ha sido el objetivo de múltiples teorías éticas que concibieron la vida humana como un proceso de mejora continua. Dicho proceso era posible mediante el entrenamiento en determinadas prácticas a las que consideraron “virtudes”.

Lo que esto exigía al sujeto era un control sobre sí mismo, un entrenamiento y vigilancia constantes de aquellas prácticas en las que confiaba para alcanzar progresivamente un mejor estado de sí. En La hermenéutica del sujeto Foucault se refiere a este conjunto de prácticas como “el cuidado de sí”, y las describe como “una serie de acciones […] que uno ejerce sobre sí mismo, acciones por las cuales se hace cargo de sí mismo, se modifica, se purifica, se transforma y transfigura”.

En el mundo actual, esta necesidad de modificación y mejora constante de nosotros mismos, vuelve a surgir con la posibilidad de generar y almacenar datos procedentes de nuestra propia actividad. De esta simple oportunidad se derivan al menos dos hábitos que están transformando nuestra vida cotidiana:

Adquirir aquellas competencias cuyas prácticas generen los mejores datos posibles

Adiestrarnos a nosotros mismos en estas prácticas para mejorar nuestros resultados

Es decir, el intento por mejorarnos a nosotros mismos encuentra su traducción en la posibilidad de generar y mejorar nuestras propias estadísticas.

A mi entender, el cuidado de nuestros propios datos se ha convertido en lo más parecido al cuidado de nosotros mismos, llegando a transformarse en una ética contemporánea. Asimismo, la posibilidad de contrastar y mejorar estos datos a lo largo del tiempo ha pasado a considerarse como una forma objetiva de medir nuestro progreso en la mejora de nosotros mismos y lo cerca que nos encontramos de nuestros objetivos.

Smartphones, aplicaciones que miden nuestra actividad en medios sociales, dispositivos para evaluar nuestro rendimiento deportivo, recomendaciones sugeridas a partir de nuestros datos, e incluso estadísticas del uso de nuestras estadísticas. Estos son algunos ejemplos de generadores y almacenes de datos propios que cada vez se están haciendo más habituales en nuestras vidas y forman una parte importante de ellas.

En conclusión: en el siglo XXI, la ética del cuidado de nosotros mismos encuentra su traducción en el intento de mejora constante de los datos que generamos. La esperanza puesta en ello es que dicha mejora sea la vía hacia la obtención de la mejor de las vidas posibles.

Por otro lado, antes de confiarnos exclusivamente a la matematización y medición de la mejora de nosotros mismos, no estaría de más recuperar aquellas palabras de Sócrates que aseguraban: “una vida sin examen no merece ser vivida”.

 

¿Quieres saber más?

11 diciembre, 2012 / Enrique Forniés Gancedo

“Bigdata”: el valor del conocimiento

BigDataEste post refiere a la situación actual de lo que ha venido a llamarse “bigdata” y cómo este concepto señala hacia un nuevo modelo de conocimiento e intercambio de valores que será crucial en los próximos años tanto para las personas y como para todo tipo de instituciones.

Bigdata” es un concepto que hace referencia a los grandes volúmenes de datos con los que en la actualidad comenzamos a acostumbrarnos a trabajar. Al respecto, compañías como Google o Facebook incrementan su valor en tanto que son poseedoras de ingentes bancos de datos acerca de hábitos de consumo y comportamientos en internet. En cierto sentido, esto significa que ambas empresas no construyen estos datos sino que únicamente los recolectan. No son generadoras de conocimientos sino administradoras de éste.

Es decir, en lo que respecta a los datos, Google o Facebook funcionan como inmensas contenedoras de bancos de datos a partir de los cuales se pueden (o no) realizar estudios e inferir conclusiones. Dichas investigaciones, a día de hoy, resultan especialmente interesantes para empresas interesadas en realizar estudios de mercado, pero pronto resultarán de abierto interés para partidos políticos, instituciones educativas, estados y todo aquello relacionado con el ordenamiento general de la vida. Debido a ello, el acceso a estos datos se convertirá en un asunto de primera necesidad.

Una situación similar ya fue anunciada por Jean François Lyotard en su libro La condición postmoderna. En esta obra nos hablaba de la posibilidad de que a corto plazo existieran instituciones poseedoras de grandes volúmenes de conocimientos a los que podían permitir o denegar el acceso a terceros. Si esto lo llevamos al momento actual, lo que hoy podríamos llamar bigdata cobra valor por sí mismo y es posible que las empresas que los poseen únicamente estarían dispuestas a ceder los bancos que los contienen a cambio de otros. En palabras del filósofo francés: “puede imaginarse que los conocimientos sean puestos en circulación según las mismas redes que la moneda, y que la separación pertinente a ellos deje de ser saber/ignorancia para convertirse en «conocimientos de pago»/«conocimientos de inversión»”.

En mi opinión, Lyotard estaba en lo cierto y los bigdata pronto se convertirán en una moneda de cambio entre compañías. Pero también entre personas y empresas, pues las primeras estarán dispuestas a ceder determinados datos siempre y cuando este acto revierta en algún tipo de beneficio sobre ellos mismos. Pero dicho beneficio serán los mismos datos recolectados gracias a muchos de estos individuos. Gran parte de las aplicaciones móviles son un claro ejemplo de esto. Ofrezco mis hábitos de consumo en determinados establecimientos o sitios web a cambio de conocer los hábitos de otros consumidores.

Ceder a los bancos de datos mi pequeña decisión a cambio de estar informado de un ingente número de decisiones supone una aportación mínima comparado con el retorno de la inversión que obtendré. A mí entender, éste será probablemente el razonamiento de usuarios, instituciones de todo tipo y quizá estados, en los próximos años.

Lo que, nuevamente en palabras de Lyotard, hace que se nos planteen las siguientes cuestiones “¿Quién tendrá acceso a ellos? ¿Quién definirá los canales o los datos prohibidos? ¿Será el Estado? ¿O bien éste será un usuario entre otros? Se plantean así nuevos problemas de derecho y a través de ellos la cuestión: ¿quién sabrá?”.

De lo que podemos estar seguros es de que “bigdata” implica un concepto que define una nueva forma de acceder a la información y generar conocimientos. Algo que pronto se convertirá en consustancial al ser humano. Lyotard afirmó: “La Enciclopedia de mañana son los bancos de datos. Estos exceden la capacidad de cada utilizador. Constituyen la «naturaleza» para el hombre postmoderno”.

¿Quieres saber más?

6 julio, 2012 / Enrique Forniés Gancedo

¿Por qué los lenguajes generan comunidades?

Debido al interés que el análisis de redes sociales ha despertado sobre la formación y establecimiento de comunidades humanas, se ha desarrollado un sinfín de criterios para delimitarlas. Sin olvidar la existencia de  algoritmos específicos y estudios matemáticos, en este post pretendo mostrar cómo y por qué las comunidades humanas se generan en torno a usos específicos del lenguaje. (Muchas de las ideas que se expondrán a continuación son deudoras del pensamiento de Wittgenstein y pueden encontrarse en sus Investigaciones Filosóficas).

Habitualmente se tiende a pensar que el significado de nuestras palabras viene determinado por los objetos a los que hacen referencia. Es la clásica distinción entre significado y significante que nos ha sido enseñada.

De este modo, el significado de nuestras palabras viene delimitado por los objetos del mundo. Sin embargo, admitir esta descripción del modo en el que aprendemos un significado resulta problemático en el momento en el que damos por sentado que es así como lo hacemos con todas las palabras. Cuando señalo a un objeto ¿cómo señalo su color, su forma o su dureza?

No existe forma de aprender estos conceptos señalando sus referentes porque toda indicación podrá ser malinterpretada. ¿Cómo asegurarnos de que al enseñar a alguien una tiza al mismo tiempo que pronuncio la palabra “blanco” esa persona entiende que me refiero al color y no al objeto o su dureza o cualquier otra propiedad o conjunto de objetos? Por este motivo, con lo único que contamos es con la posibilidad de realizar numerosos ejemplos de uso con el fin de que quien aprende comience a utilizarlos de una manera determinada.

Lo interesante de esto es que, si no basta con tener delante el objeto, la forma de saber cuándo alguien ha aprendido a utilizar un concepto correctamente no es que señale un objeto sino que lo haga de manera repetida ante una variedad de situaciones. Es decir, que adquiera una pauta de conducta determinada que se repite en el tiempo.  O lo que es lo mismo, un hábito.

Por otro lado, el criterio de corrección de los usos lingüísticos no se encuentra en quien aprende a utilizar un concepto sino en la persona o la comunidad que enseña. Los miembros de estas comunidades son los que dan su aceptación a los usos lingüísticos de la persona que trata de comunicarse dentro de ellas. La comunicación efectiva se produce entre individuos que se muestran coherentes en el uso de sus conceptos. O lo que es lo mismo, que se muestran coherentes en sus hábitos y costumbres.

En este sentido, las comunidades humanas pueden limitarse a través de los usos específicos que sus miembros otorgan a conceptos concretos. Esto se traduce en el establecimiento de una serie de hábitos y costumbres que, al ser repetidos en el tiempo, se configuran como formas de vida. Los usos del lenguaje generan formas de vida compartidas por comunidades humanas.

En conclusión, los medios sociales y las nuevas formas de comunicación, hacen que el análisis del lenguaje sea una de nuestras fuentes principales a la hora de estudiar y analizar las comunidades humanas. Lo que esto nos otorga no es simplemente un conjunto de palabras y personas, sino la posibilidades de comprender las diversas formas de vida que diferentes grupos humanos comparten. Los criterios matemáticos y la creación de algoritmos tendrán su valor a la hora de delimitar comunidades concretas. Sin embargo, sin un enfoque socio-lingüístico, nunca podremos comprender los valores e  intereses que configuran estas comunidades y el significado que sus miembros dan al mundo en el que viven.

18 octubre, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

Estrategias para fomentar la creatividad

Una de las competencias más demandadas en la actualidad es la capacidad para solucionar problemas de manera creativa. Suele pensarse que esto consiste en aprender a aplicar métodos concretos a dificultades específicas. Sin embargo, pese a aplicar las reglas correctamente, existen problemas que no se solucionan. Este post presenta tres estrategias sencillas y creativas de solucionar un problema que se parecen más a la toma de una nueva actitud que a la aplicación de un método.

1. Cambia los conceptos en los que planteaste la cuestión. En ocasiones nos empeñanos en que ciertos objetos encajen en categorias que no les corresponden. Un cambio en el modo en el que los clasificamos puede suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso.

2. Cambia el contexto en el que se encontró la dificultad. Es posible que aquello que en un primer momento parece un problema simplemente esté fuera de lugar. Nuestra percepción de las cosas cambia radicalmente en función del marco en el que se ubiquen. No es el objeto el que se define a sí mismo sino el contexto en el que lo situamos.

3. Cambia la relevancia de las características en las que fijas tu atención. En ocasiones no nos damos cuenta de que los criterios seleccionados para formar un conjunto no son los más adecuados. Es posible generar criterios alternativos otorgando una mayor relevancia a factores que minusvalorábamos.

En conclusión. Los problemas no se presentan por la naturaleza de los objetos sino por nuestra forma de entenderlos. Solucionar una dificultad se parece más a tomar una nueva actitud que a aplicar un método concreto. Esto requiere manejar diversos registros, tomar nuevos enfoques o combinar condiciones cualitativas y cuantitativas. La creación de equipos multidisciplinares que eliminen la estrechez de los planteamientos técnicos resulta vital al respecto. Pero esto sólo es posible mediante la adopción de una actitud humanista que nos permita generar nuevas formas de entendernos a nosotros mismos y a nuestro entorno.

 

28 septiembre, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

Fronteras y horizontes de la nueva pedagogía

Quien no desee ser dogmático respecto  a los nuevos modelos de aprendizaje debería prestar atención a las críticas que sobre ellos se realizan. Inger Enkvist de la Universidad de Lund realiza un excelente análisis de ciertas metodologías empleadas en Suecia que merece la pena tener en cuenta. En este post realizo algunas aclaraciones al respecto que muestran la necesidad de colaboración que existe entre detractores y defensores de las nuevas metodologías.

Según Enkvist, la nueva pedagogía defiende una serie de elementos que han originado los siguientes males:

Estas conclusiones fueron extraídas de un estudio sobre una escuela sueca donde quedó demostrado que los alumnos no desarrollaban correctamente sus capacidades de lectoescritura, no generaban un conjunto coherente de conocimientos, perdían el contacto con sus compañeros por no trabajar sobre los mismos temas y encontraban en el profesor alguien que le solucionaba sus problemas sin ellos esforzarse (artículo).

Sin embargo, habría que dejar claro que realizar un temario como se hizo en esta escuela dejando que cada alumno individualmente elija su enfoque sobre cada apartado y realice un informe al respecto, no significa estar aplicando nuevas metodologías. Significa no estar aplicando ninguna. Como mínimo, se requiere orientación, coordinación y metas, que guíen colectivamente el aprendizaje.

En segundo lugar, resulta complicado asumir que quien aprende construya conocimiento. Es posible que durante el proceso de aprendizaje reciba, utilice, ensamble, amplie y aplique conocimientos, pero no los elaborará. La tarea de quien aprende es encontrar sentido a lo que está aprendiendo. ¿Cómo se relaciona un tema con otro? ¿Qué parte de mi vida explican? ¿Cómo se ha llegado a la situación actual? ¿Qué proyectos puedo construir a partir de ellos? Se necesitan conocimientos para contestar a estas preguntas, pero al hacerlo se les dota de un sentido (que no utilidad) propio.

Necesitamos dotar de sentido al conocimiento para que pase a formar parte de la cultura

Por último, a la base del problema parece haber un enredo conceptual muy interesante en torno al vocablo “cultura”. De esta palabra podríamos encontrar dos acepciones:

1. Cultura como conjunto de conocimientos e instituciones que pasan de generación en generación como si de una serie de objetos físicos se tratara.

2. Cultura como conjunto de habilidades sociales aprendidas que cada uno aprende a utilizar mediante su misma puesta en práctica.

Lo que parece preocupar a Enkvist es la primera de estas acepciones, mientras que la nueva pedagogía parece estar centrada en la segunda. Si es cierto que las nuevas metodologías son partícipes de no pasar a las generaciones posteriores la institución educativa tal y como se entiende ahora, entonces sí desean acabar con ciertos aspectos de la cultura. Sin embargo, si lo entendemos según la segunda acepción, lo que desean es potenciar uno de los extremos de la cultura que había sido menospreciado.

En conclusión, como bien nos recuerda Enkvist, la nueva pedagogía necesita métodos tanto como cualquier otra. Sin embargo, no supone una destrucción sino una ampliación de la cultura. Conocimientos y contenidos no han de descuidarse bajo ningún concepto, pero ahora conviven con otros muchos aspectos sin los cuales carecen de sentido.

 

26 septiembre, 2011 / Enrique Forniés Gancedo

Nuevas direcciones y dinámicas de aprendizaje

La representación actual de nuestro aprendizaje se basa en la necesidad de ejercer sobre quien aprende la presión suficiente como para que el conocimiento penetre en él. En un mundo en el que estamos obligados a formarnos continuamente, este modelo comienza a presentarse como inadecuado por la falta de motivación y estímulo que ofrece. Este post presenta un modelo alternativo que pretende invertir los términos.

Charles Leadbeater habló sobre la necesidad de cambiar la dirección en la que recibimos nuestra formación. No podemos mantener un sistema que empuja (push) a quien aprende volcando sobre él una avalancha de contenidos. Por el contrario, necesitamos un modelo que impulse (pull) y nos atraiga hacia nuevos horizontes. La motivación ha de ser el punto partida.

La representación actual impone barreras, favorece la acriticidad y genera miedo al fracaso

De ahí que el aprendizaje no haya de basarse en materias sino en cuestiones iniciales que afectan a las personas en sus diferentes entornos. De esta manera, el proceso comienza mediante un resorte que nos empuja a encontrar la vía adecuada para la resolución de un problema. Leadbeater propone el juego como un modelo adecuado a este sistema (video).

Necesitamos un modelo que muestre horizontes, estimule iniciativas y favorezca la colaboración


Esto resulta interesante si lo ponemos en relación con los estudios sobre racionalidad limitada de Kahneman y Simon. Dichos estudios muestran que la manera cotidiana en la que solucionamos conflictos es la aplicación directa de sencillas heurísticas que permiten reestablecer el equilibrio en nuestro entorno de una forma satisfactoria. De ahí que podamos considerar la adquisición de estas reglas como un objetivo deseable en un modelo de aprendizaje como el siguiente:

Resulta necesario generar dinámicas de aprendizaje que retroalimenten nuestra motivación

Sin embargo, no debemos olvidar que las reglas heurísticas no aportan la mejor solución posible, sino aquella que resulta satisfactoria. Es decir, una solución alcanzada de esta forma podría esconder un problema aún más grave que el inicial.

Por eso, resulta indispensable aprender a desarrollar distintas soluciones para un mismo problema aun cuando las existentes funcionen. De ahí la importancia de que las comunidades de aprendizaje sean interdisciplinares, de que los departamentos de resolución de conflictos sean abiertos y de que se potencie la creación de grupos interculturales.

 

A %d blogueros les gusta esto: